Tus intensos ojos verdes, tu olor a colonia de bebé, tus gestos
mudos, tu tremenda hiperactividad, el sabor de tu comida, tus sabios consejos
(que no siempre seguía), tus besos antes de acostar, nuestra hora del
"café", tus días sin descanso, nuestros almuerzos en familia, tu
poder para saber dónde estaba todo, saber siempre lo que decir, tus
advertencias sin imposición y el posterior "te lo dije" (que tanto
odiaba), el olor a suavizante de tu ropa, el recogerme si me caía, curarme las
heridas y animarme a volverlo a intentar, el aroma a pan tostado y café recién
hecho de tus desayunos, tus 19 horas al día sin parar de trabajar, la
inexistencia de momentos para ti, tu belleza sin aditivos, tu apoyo
incondicional, tus lágrimas de risa y tu tremenda capacidad de dar sin
esperar... Esto solo es una pequeña muestra de los recuerdos que tengo de mi
vida contigo, esto es lo que se viene a mi mente cuando pienso en ti, mi
querida mamá.